OPINIÓN.
Han pasado ya diez años, y con el mismo titular de obituario
que en su día critiqué el Fórum Universal
de las Culturas-Barcelona 2004 (así se denominaba oficialmente aquella
suerte de engendro con buenas intenciones, ¿verdad?), rememoro el fallido
evento del alcalde Maragall, promovido, sustancialmente, para redimir la degradada
fachada marítima del flanco Besós; tramo que quedó pendiente de la magna reordenación
urbanística litoral de Barcelona 92’.
Recuerdo que, justo un año después de la inauguración del Fórum (8 de mayo de
2005), desde el Cap i Casal de Catalunya
se hacía, medio de tapadillo, un saludable acto de contrición y se reconocía
públicamente que la cosa no había funcionado como se esperaba.
Los casi 2.000 millones de euros que entonces se invirtieron
en el proyecto, no garantizó el éxito esperado. ¿Y cuál es la razón de mi particular
crítica al Fórum, cuando, en un principio, la idea llegó a entusiasmarme e,
incluso, acabé por implicarme personalmente? En el plenario del congreso
mundial de Asociaciones y Clubes UNESCO, que se celebró en 1999 en la ciudad
rusa de Ekaterimburgo, defendí públicamente el proyecto. Con vehemencia
expliqué que, de la misma manera que el año 1992 se habían celebrado en
Barcelona los mejores Juegos Olímpicos de la historia, en el 2004, se iba a
organizar, también en la Ciudad Condal, una especie de olimpiada cívica,
centrada en la cultura de la paz, la diversidad y la sostenibilidad.
De acuerdo con los dirigentes del Fórum de entonces, la delegación
catalana de la UNESCO -de la cual formaba parte como secretario general-,
repartió en la capital asiática de los Urales abundante publicidad y
aprovechamos la ocasión para invitar a la familia UNESCO de todo el mundo a
participar activamente en tan prometedor acontecimiento. Pero tras la euforia
de Ekaterimburgo, lamentablemente, llegarían los oscilantes cambios de criterio
de los sucesivos dirigentes del Fórum, y lo que es peor, se confirmaba que el
especulativo desarrollo urbanístico del Besós se anteponía a los objetivos ideológicos
previstos inicialmente. Una vez más, los intereses económicos habían
prevalecido por encima de todo lo demás.
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