lunes, 12 de mayo de 2014

Décimo aniversario del Fórum 2004 (in memoriam)

 OPINIÓN.
Han pasado ya diez años, y con el mismo titular de obituario que en su día critiqué el Fórum Universal de las Culturas-Barcelona 2004 (así se denominaba oficialmente aquella suerte de engendro con buenas intenciones, ¿verdad?), rememoro el fallido evento del alcalde Maragall, promovido, sustancialmente, para redimir la degradada fachada marítima del flanco Besós; tramo que quedó pendiente de la magna reordenación urbanística litoral de Barcelona 92’. Recuerdo que, justo un año después de la inauguración del Fórum (8 de mayo de 2005), desde el Cap i Casal de Catalunya se hacía, medio de tapadillo, un saludable acto de contrición y se reconocía públicamente que la cosa no había funcionado como se esperaba.
Los casi 2.000 millones de euros que entonces se invirtieron en el proyecto, no garantizó el éxito esperado. ¿Y cuál es la razón de mi particular crítica al Fórum, cuando, en un principio, la idea llegó a entusiasmarme e, incluso, acabé por implicarme personalmente? En el plenario del congreso mundial de Asociaciones y Clubes UNESCO, que se celebró en 1999 en la ciudad rusa de Ekaterimburgo, defendí públicamente el proyecto. Con vehemencia expliqué que, de la misma manera que el año 1992 se habían celebrado en Barcelona los mejores Juegos Olímpicos de la historia, en el 2004, se iba a organizar, también en la Ciudad Condal, una especie de olimpiada cívica, centrada en la cultura de la paz, la diversidad y la sostenibilidad.
De acuerdo con los dirigentes del Fórum de entonces, la delegación catalana de la UNESCO -de la cual formaba parte como secretario general-, repartió en la capital asiática de los Urales abundante publicidad y aprovechamos la ocasión para invitar a la familia UNESCO de todo el mundo a participar activamente en tan prometedor acontecimiento. Pero tras la euforia de Ekaterimburgo, lamentablemente, llegarían los oscilantes cambios de criterio de los sucesivos dirigentes del Fórum, y lo que es peor, se confirmaba que el especulativo desarrollo urbanístico del Besós se anteponía a los objetivos ideológicos previstos inicialmente. Una vez más, los intereses económicos habían prevalecido por encima de todo lo demás.
Mi decepción fue grande cuando se nos adujo que no había suficiente dinero para organizar, en el seno del Fórum, un encuentro mundial de la red civil de la UNESCO, la más importante del sistema de las NN.UU., con más de 6.000 entidades en todo el planeta. O sea, que a la UNESCO de base se nos negaba el pan y la sal, justamente cuando en París el Fórum acababa de obtener la bendición urbi et orbi de la UNESCO oficial  y se afanaba en lucir su prestigioso logotipo en todas sus publicaciones institucionales. ¡Menuda mandanga! Mi mayor satisfacción, no obstante, es que no permanecí callado y en más de una ocasión tuve la oportunidad de denunciar públicamente semejante incoherencia. Manuel Dobaño (Periodista). Puede leer también este artículo en El Prat al Día.

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