lunes, 19 de mayo de 2014

El Algarrobico y otras ruinas

 OPINIÓN.
Los estragos que está provocando esta enquistada crisis económica, no solo se está cebando en las personas que la padecen más directamente, sino también en nuestro entorno urbano y paisajístico. Caminando por las calles de la ciudad en la que vivo, de pronto, descubro una casa medio en estado ruinoso; sus puertas y ventanas han sido preventivamente tapiadas para impedir que los okupas de turno la conviertan en su morada reivindicativa. Pero no solamente hay casas abandonadas aquí, las hay en todas partes. En mi tierra gallega, por ejemplo, se percibe una verdadera preocupación, más que por los edificios dejados de la mano de Dios, por las aldeas en las que solo habitan los recuerdos de un pasado no tan lejano. Existen otros fantasmagóricos lugares, como El Algarrobico, pero de eso ya hablaré más adelante…
En La Región de Ourense, centenario periódico en el que colaboro desde hace unos años, no hace mucho se publicó la fotografía de un céntrico edificio, cuya fachada ofrece un penoso aspecto y, más posteriormente, un contundente pie de foto destacaba en portada: “Ni se venden ni se alquilan, se deterioran”. También en el digital Dende a Limia, que se edita en mi villa natal (Xinzo de Limia), se ha denunciado algo similar. Los del colectivo Xinzo Caníbal-Feismo Urbanístico difundieron hace poco, vía Facebook, las imágenes de unas desvencijadas casas de piedra, que incluía este irónico comentario: “Jardín colgante tipo Babilonia y criadero de palomas”. A vuelta de correo, les respondí: “Sobre todo, cuidarme las piedras en mi ausencia para, cuando regrese, reconozca mi pasado”. Las redes sociales, tan en boga hoy en día, son tremendas, en menos que canta un gallo te permiten denunciar lo que sea.
Pero al margen de todas estas reflexiones, existen otras ruinas modernas, que no antiguas, que provocan vergüenza ajena, tales como las inhabitadas promociones inmobiliarias a medio terminar, los tapiados túneles del AVE, los aeropuertos en los que solo vuelan los pájaros y otras faraónicas infraestructuras en las que selváticamente crece la hierba. Recientemente, tuve la oportunidad de leer esta noticia: “Greenpeace pinta de negro el ilegal hotel El Algarrobico en el Cabo de Gata. Los activistas exigen una demolición inmediata del edificio y que se recupere la zona”. Una oportuna excusa para poner punto y final a estas líneas henchidas de ruinosas sensaciones. Manuel Dobaño (Periodista). Puede leer también este artículo en el Prat al día

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