OPINIÓN.
Los estragos que está provocando esta enquistada crisis
económica, no solo se está cebando en las personas que la padecen más
directamente, sino también en nuestro entorno urbano y paisajístico. Caminando
por las calles de la ciudad en la que vivo, de pronto, descubro una casa medio
en estado ruinoso; sus puertas y ventanas han sido preventivamente tapiadas
para impedir que los okupas de turno la conviertan en su morada reivindicativa.
Pero no solamente hay casas abandonadas aquí, las hay en todas partes. En mi
tierra gallega, por ejemplo, se percibe una verdadera preocupación, más que por
los edificios dejados de la mano de Dios, por las aldeas en las que solo habitan
los recuerdos de un pasado no tan lejano. Existen otros fantasmagóricos lugares,
como El Algarrobico, pero de eso ya
hablaré más adelante…
En La Región de
Ourense, centenario periódico en el que colaboro desde hace unos años, no hace
mucho se publicó la fotografía de un céntrico edificio, cuya fachada ofrece un penoso
aspecto y, más posteriormente, un contundente pie de foto destacaba en portada:
“Ni se venden ni se alquilan, se deterioran”. También en el digital Dende a Limia, que se edita en mi villa
natal (Xinzo de Limia), se ha denunciado algo similar. Los del colectivo Xinzo Caníbal-Feismo Urbanístico difundieron
hace poco, vía Facebook, las imágenes de unas desvencijadas casas de piedra,
que incluía este irónico comentario: “Jardín colgante tipo Babilonia y criadero
de palomas”. A vuelta de correo, les respondí: “Sobre todo, cuidarme las
piedras en mi ausencia para, cuando regrese, reconozca mi pasado”. Las redes
sociales, tan en boga hoy en día, son tremendas, en menos que canta un gallo te
permiten denunciar lo que sea.
Pero al margen de todas estas reflexiones, existen otras
ruinas modernas, que no antiguas, que provocan vergüenza ajena, tales como las inhabitadas
promociones inmobiliarias a medio terminar, los tapiados túneles del AVE, los aeropuertos
en los que solo vuelan los pájaros y otras faraónicas infraestructuras en las
que selváticamente crece la hierba. Recientemente, tuve la oportunidad de leer esta
noticia: “Greenpeace pinta de negro el ilegal hotel El Algarrobico en el Cabo de Gata. Los activistas exigen una
demolición inmediata del edificio y que se recupere la zona”. Una oportuna excusa
para poner punto y final a estas líneas henchidas de ruinosas sensaciones. Manuel Dobaño (Periodista). Puede leer también este artículo en el Prat al día
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