OPINIÓN.
En tiempos de mi pasajera afición juvenil de leer a los
clásicos, tuve la oportunidad de acercarme de refilón a los poetas
renacentistas más importantes de la lírica italiana -Dante, Petrarca y
Boccaccio- y, sobre todo, recuerdo que me resultó particularmente dura la tarea
de estudiar la magna obra del primero de ellos, la Divina Comedia. No es de extrañar que aún hoy se repita eso de que ‘son
malos tiempos para la lírica’, cantinela con la que se intenta significar metafóricamente
los racheados vientos que soplan contra un sistema capitalista erosionado por el
poder financiero, en estrecha connivencia con una clase política corrupta. Pero
no quisiera dar más la tabarra recordando al personal lo malita que está la
cosa esa de la crisis.
El infierno, sí, sí, el infierno, por raro que les parezca,
es la palabra que me ha inspirado esta crónica. Porque en el descenso de Dante
Alighieri a los infiernos -viaje que oníricamente compartió con el poeta latino
Virgilio-, allí se encontró con Lucifer y Judas, mitos que simbolizan a los que
osaron traicionar a la divinidad, aunque también podrían representar a los
modernos diablos que actualmente gobiernan nuestros destinos. Y en tiempos en
los que se alzan potentes proclamas en contra de los ‘malvados’ separatistas
crimeos (?), escoceses y catalanes, me he acordado del inmortal poeta
florentino y de su particular averno. Y, sin saber la razón, también me han
venido a la mente otras extrañas historias...
Sobre el peliagudo asunto de Crimea, los gerifaltes de la UE
no paran de amenazar, con algo parecido a las bíblicas plagas de Egipto, a los
que se separen de Ucrania y se unan a la madre Rusia del muy demócrata Putin.
Sobre el referéndum de los escoceses, resulta que ahora no cesan de prometerles
un Potosí si continúan cohabitando con los hijos de la Gran Bretaña. Y desde lo
más recóndito del universo infinito, de pronto, ha surgido una terrible profecía
que ha dado a conocer solemnemente José Manuel García-Margallo y Marfil: “Declarar
unilateralmente la independencia de Cataluña, la condenaría a vagar por el
espacio sin reconocimiento y a quedar excluida de la UE por los siglos de los
siglos”.
Realmente dantesco el futuro que les espera a los
separatistas catalanes. No mejoraría la contundencia de la sentencia ni el
mismísimo Stephen Hawking. Al final de tan cósmica predicción del ministro de
AA.EE., tan solo hemos echado en falta un ‘amén’, sonoro como una catedral, pronunciado
por el expresidente de la Conferencia Episcopal Española, Antonio Mª Rouco
Varela. Y ya puestos a hacer predicciones, Su Eminencia Reverendísima bien
pudiera aprovechar la ocasión para anunciar, ‘urbi et orbi’, que el Barça
deberá elegir entre jugar en el purgatorio
catalán, o bien hacerlo en el paraíso
de todas las Españas. ‘Infierno, purgatorio o paraíso, ¡he ahí la cuestión!’,
que terciaría Hamlet, con el permiso del divino Dante.
Coletilla final:
El día que se confirmaba la muerte del expresidente Adolfo Suárez, leo
en la prensa que la transición política hacia la democracia fue una
operación mucho más compleja que la que actualmente plantea Catalunya
con su derecho a decidir. En aquellos años de incertidumbre, los
herederos sociológicos del franquismo tildaban a Suárez, entre otras
lindezas, de perjuro, tras haber dado el visto bueno a la legalización
del PCE; mientras que otros, no tan reacios, le calificaban de
encantador de serpientes. En cualquier caso, pienso que la historia
sabrá destacar el difícil papel que le tocó asumir a Adolfo Suárez. Manuel Dobaño (Periodista).Puede leer también este artículo en El Prat al dia.
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