OPINIÓN
Erase una vez una vieja tortuga que caminaba, lenta, pero
segura, en pos de una meta imaginaria, hasta que, de repente, vio pasar a su
lado a un velocísimo leopardo que pronto perdió de vista... Pues, sí, hace unos
días recurrí a esta sencilla e inconclusa fábula, para comparar las actuales prestaciones
de Internet (la tortuga), con la velocidad galopante que promete la fibra
óptica (el leopardo). El tema, que debatimos en la emisora de radio de la
ciudad en la que vivo, y que era completamente nuevo para mí, me obligó a
documentarme previamente y, de esta manera, pude disponer luego de la necesaria
argumentación para comentar, con un mínimo de criterio, la inminente llegada a El
Prat de la citada fibra óptica.
En principio, se trataba de loar la buena noticia que supone
encarar el futuro con herramientas más rápidas y eficientes. Nos cuentan que la
instalación de la fibra óptica “no supondrá hacer obra alguna, ni en los
edificios, ni en las calles, ya que se aprovechará la infraestructura existente
por donde actualmente pasan los cables de cobre”; al tiempo que se precisa que,
a la larga, el cobre será sustituido por la fibra óptica. También se nos
remarcaba que la nueva tecnología “beneficiará la competitividad de las
empresas y del comercio, en general”. Lo que no se garantiza es que los
ladrones de cobre, que abundan como las setas, no le echen ahora el guante a
eso de la fibra óptica y decidan arremangar con tan puntero material.
Otra buena noticia que nos tocó abordar en las ondas
radiofónicas fue el proyecto de instalación, en el parque de negocios Mas Blau II, de la multinacional
norteamericana Amazón. Se trata de un gran centro logístico de distribución de
comercio electrónico para la zona del Mediterráneo. Si todo va según lo
previsto, esta especie de elefante del consumismo ocupará una gigantesca
superficie de 210.000 metros cuadrados y supondrá la creación de hasta 3.000
puestos de trabajo. Sin embargo, ‘no tot són flors i violes’ en relación con
este paquidérmico proyecto, y ya han surgido las primeras voces críticas, que
temen el impacto negativo que este monstruo del comercio electrónico provocará,
sobre todo, en el ámbito local y comarcal.
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