OPINIÓN.
Enfilo la recta final de la primera quincena de noviembre,
mes que ha venido henchido de días casi veraniegos y de impactantes noticias.
Sin duda, la más dramática de todas procede de Filipinas, un convulso enclave terráqueo
en el que nuevamente la madre naturaleza se ha cebado con sus habitantes. Se
habla de millones de damnificados y de miles de víctimas provocadas por el devastador
tifón Haiyan. En su mayoría, son
muertos pobres, cadáveres que quedan demasiado lejos, ¿quién se puede acordar
de ellos? Una vez más, la ayuda humanitaria, cual piadosa limosna, se encargará
de paliar las malas conciencias de los países ricos. Así es la naturaleza
humana, todo lo que queda fuera de nuestro entorno más inmediato, más bien
parece que no es de este mundo. Realmente, vivimos unos tiempos en los que la cantidad
y la celeridad de las noticias a escala planetaria nos narcotiza y, en cierta
manera, nos hace inmunes a las desgracias ajenas.
Y si desean recordar otras informaciones que se han
publicado estos días, les invito a que sigan leyendo. ¡Pasen, señores, pasen,
pues, al circo mediático más divertido…! Es igual que no salga la mujer barbuda,
el bombero-torero u otros monstruitos que andan por ahí sueltos, el éxito del
espectáculo está asegurado, y si no comprueben el calado de la siguiente
información: “El arzobispo de Granada, Javier Martínez enseña a la mujer a ser
sumisa”, mientras el cineasta Alex de la Iglesia reivindica un mundo gobernado
por mujeres, tal como plantea en su película ‘Las brujas de Zugarramurdi’.
No me cabe la menor duda de que el ‘progre’ papa Francisco le hará llegar al
prelado granadino la penitencia de una oportuna reprimenda ‘urbi et orbi’. Y cambiando radicalmente
de registro, me entero de que en mi tierra gallega andaban soliviantados por la
noticia de la azarosa búsqueda de O Canceliñas y de su compinche portugués,
dos delincuentes de cuidado que han mantenido en jaque durante días a las
policías española y lusitana.
Más cosas: “El príncipe Carlos de Inglaterra, que el 14 de
noviembre habrá cumplido 65 años, llega a la edad de jubilación sin ‘trabajar’
de rey. Es el heredero más anciano de la historia de la corona británica”. Y
mientras espera su turno para reinar, the
Prince of Wales (como diría cierta alcaldesa), mata las horas, junto a su
esposa Camila, tomando el té de las 5 en Buckingham Palace, en lugar de un castizo
café con leche en Trafalgar Square. “Un
hombre demanda a su esposa por tener hijos feos”. No se rían, por favor, la
noticia es real como la vida misma. El airado protagonista de esta noticia es
un chino, de nombre Jian Feng, que asegura tener los hijos más feos del mundo.
El marido alega que ella lo engañó porque le ocultó que se había sometido a
varias operaciones de cirugía estética. Y sobre la lamentable sentencia del ‘Prestige’, prefiero no alargarme
demasiado, más que nada por la carga de supina indignación que me ha provocado.
Lo único que se me ocurre comentar es que la justicia -once años después del desastre
medioambiental-, ha salido bien pringada de chapapote. Una vez más, el
caciquismo de Estado ha dejado al descubierto una democracia corrompida y ha
propiciado que se ningunee a la heroica plataforma ‘Nunca Máis’.Manuel Dobaño (Periodista) Puede leer también este artículo en El Prat al Día.
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