lunes, 11 de noviembre de 2013

Crónica informal de otoño

 OPINIÓN.
Ha pasado de largo el puente de Todos los Santos, tiempo de recordar a los difuntos y de comer castañas y panellets, y ya se empieza a sentir la impúdica fanfarria de la orgía consumista de las fiestas navideñas. De buena mañana, me dejo caer por mi supermercado de confianza y, ¡oh, sorpresa!, compruebo que ya puedo comprar juguetes para mis nietos con dos meses de antelación. De vuelta a casa, me encuentro en el buzón de correos con un denso catálogo, también de juguetería, que me ha hecho llegar un centro comercial de El Prat sin haberlo solicitado previamente, y las agencias de viaje no paran de ofrecerme, vía internet, ventajosas vacaciones caribeñas de fin de año. A pesar de tanta perseverancia publicitaria, barrunto que las alforjas de los Reyes Magos y de Papá Noel no vendrán este año tan cargadas como en otras ocasiones. Por la tarde, me desplazo a Barcelona y observo que ya empiezan a instalar en sus calles la agnóstica iluminación de los últimos años, consiguiendo romper de esta manera la languidez y la monotonía de estos grises días de primeros de noviembre.
En alguna otra parte dejé escrito que los grandes centros comerciales se me antojan modernas catedrales y que los clientes de semejantes templos laicos son los fieles paganos (sobre todo, paganos) de esta irreverente liturgia mercantil del despilfarro. Pero a nadie se le escapa que la persistente crisis que nos machaca se ha encargado de atemperar las ansias consumistas del prójimo y, poco a poco, el personal ha ido recobrando el juicio e intenta adaptarse a los nuevos tiempos, que jamás volverán a ser como los de antes, según vaticinan los apocalípticos gurús de la macroeconomía. Y para consolarme de tan malos augurios, mi sicólogo de cabecera me recomienda que solo piense en cosas positivas, y es entonces cuando caigo en la cuenta de que este año la Grossa de Cap d’Any caerá, ¡seguro!, en Catalunya y que, a lo mejor, me toca  un pellizco de La Nostra y así podré comprar algo más de turrones y algún que otro juguete para mis allegados más menudos.
No quisiera rematar esta informal crónica de otoño, sin referirme a unas cuantas noticias que últimamente han circulado por ahí. La primera de todas, es el encuentro del año, ¡mucho más!, el notición del siglo. La releo una y otra vez y no me lo acabo de creer: “Letizia saluda a Belén Esteban. La princesa de Asturias coincide con la ‘princesa del pueblo’ en una fiesta”. Los paparazi de la prensa de las vísceras, precisan que la segunda de las princesas aludidas también se tropezó con un tal Mariano Rajoy y que éste le soltó algo que ya saben todos los españoles y, particularmente, los catalanes, es decir, que la cosa del parné está más que jodida. También estos días se ha hablado de la Mona Lisa calva en favor de una campaña contra el cáncer, pero la gran cuestión que planteaban los medios de comunicación era si Tutankamón falleció realmente después de ser atropellado por un carro de la época. Hay que tener en cuenta que en tiempos de los faraones no se habían inventado todavía los pasos cebra, si bien es más que probable que sí se dispusiera de sendas señalizadas para los cocodrilos del Nilo.
Consejo que me traslada un amigo: No tomes demasiado en serio la vida. Nunca saldrás vivo de ella. Manuel Dobaño (Periodista). Puede leer también este artículo en El Prat al dia

No hay comentarios: