lunes, 2 de septiembre de 2013

Sobre el uso excesivo de los artilugios digitales

OPINIÓN.
Manuel Dobaño (Periodista).
Mis hijos, mis amigos y supongo que, pronto, mis nietos, todo el mundo enganchado al celular; a todas horas, incluso, a la de sentarse a la mesa para comer. En lugar de una conversación sosegada, sin molestos intermediarios, son los teléfonos móviles, y otros sucedáneos digitales, los que interfieren y contagian, como una auténtica peste, las relaciones humanas. No lo puedo soportar, pero es que me saca de quicio iniciar un diálogo con alguien y que la charla se tenga que interrumpir repetidamente por culpa del móvil de las narices. “Érase un hombre a una nariz pegado”, ¿recuerdan el famoso soneto satírico del genial Francisco de Quevedo dirigido a Luís de Góngora? Pues eso, ahora más bien pudiéramos suplirlos por estos otros versos: “Érase un hombre a un móvil pegado…”.  
Para intentar poner coto a tan disparatada sobredosis de móviles y demás miembros de la gran ‘familia’ digital, se tendría que tomar alguna determinación al respecto, mucho más eficaz que la que, años atrás, me topé a la entrada de una ermita: “Por favor, apague el móvil. Para hablar con Dios no lo necesita”, rezaba un bienintencionado cartelito que casi nadie respetaba. Una vez que he desembuchado lo que tenía in mente, sería un cretino si no reconociera las enormes ventajas que comportan las modernas tecnologías que configuran la llamada sociedad de la información; mas mi modesta intención no es otra que intentar alertar sobre los efectos perniciosos que suele provocar el uso excesivo de tan sofisticados aparatos.
Para poner punto y final a esta nueva misiva, todavía de verano de 2013, rescato unos apuntes, que guardo en mi libreta de notas: “Nos estamos comportando como ‘Homo Stupidos’ en lugar de Sapiens”. La frasecita de marras, que no es mía, pero que la comparto plenamente, es del sociólogo, Francisco Lozano, autor del libro ‘¿Por qué nos extinguiremos?, en el que escribe que el futuro pasa por un mundo más sostenible. ¿Y, acaso, también me pregunto, con menos cacharros de esos que nos tienen a todos un poco idiotizados, y a través de los cuales, encima, nos espían ‘à toute heure’?   
 Puede leer también este artículo en El Prat al dia
 

No hay comentarios: