OPINIÓN.
Manuel Dobaño (Periodista).
Mis hijos, mis amigos y supongo que, pronto, mis nietos, todo
el mundo enganchado al celular; a todas horas, incluso, a la de sentarse a la
mesa para comer. En lugar de una conversación sosegada, sin molestos intermediarios,
son los teléfonos móviles, y otros sucedáneos digitales, los que interfieren y
contagian, como una auténtica peste, las relaciones humanas. No lo puedo soportar,
pero es que me saca de quicio iniciar un diálogo con alguien y que la charla se
tenga que interrumpir repetidamente por culpa del móvil de las narices. “Érase
un hombre a una nariz pegado”, ¿recuerdan el famoso soneto satírico del genial
Francisco de Quevedo dirigido a Luís de Góngora? Pues eso, ahora más bien
pudiéramos suplirlos por estos otros versos: “Érase un hombre a un móvil pegado…”.
Para intentar poner coto a tan disparatada sobredosis de
móviles y demás miembros de la gran ‘familia’ digital, se tendría que tomar
alguna determinación al respecto, mucho más eficaz que la que, años atrás, me topé
a la entrada de una ermita: “Por favor, apague el móvil. Para hablar con Dios
no lo necesita”, rezaba un bienintencionado cartelito que casi nadie respetaba.
Una vez que he desembuchado lo que tenía in mente, sería un cretino si no
reconociera las enormes ventajas que comportan las modernas tecnologías que
configuran la llamada sociedad de la información; mas mi modesta intención no
es otra que intentar alertar sobre los efectos perniciosos que suele provocar el
uso excesivo de tan sofisticados aparatos.
Para poner punto y final a esta nueva misiva, todavía de
verano de 2013, rescato unos apuntes, que guardo en mi libreta de notas: “Nos
estamos comportando como ‘Homo Stupidos’ en lugar de Sapiens”. La frasecita de
marras, que no es mía, pero que la comparto plenamente, es del sociólogo,
Francisco Lozano, autor del libro ‘¿Por qué nos extinguiremos?, en el que
escribe que el futuro pasa por un mundo más sostenible. ¿Y, acaso, también me
pregunto, con menos cacharros de esos que nos tienen a todos un poco
idiotizados, y a través de los cuales, encima, nos espían ‘à toute heure’?
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