OPINIÓN
Manuel Dobaño (Periodista)
La oportuna lectura de la siguiente noticia, me ha servido para
recordarme que vivimos en el país de las grandes chapuzas y, consecuentemente,
de los cretinos a porrillo: “La soledad y los conejos, dueños del aeropuerto de
Ciudad Real”, titular de prensa que iba acompañado de este comentario: “Las
instalaciones han salido a subasta por 100 millones de euros, pero hay dudas de
que encuentren comprador. El aeropuerto ‘fantasma’ se vende por menos del 10%
de lo que costó”. O sea, que en un lugar de la Mancha alguien ideó en su día construir
una instalación privada, absolutamente obsoleta y sin futuro alguno. Un negocio
mucho más ruinoso que el famoso de Roberto
de las Cabras, aquel imaginario pastor que gustaba cambiar dos negras por
una blanca.
Pero no piensen que solo por tierras manchegas ha cabalgado estos
años el espíritu más enloquecido y despilfarrador del desfacedor de entuertos, a lomos de su flaco rocín, enfrentándose a
molinos de viento, creyendo que eran gigantes. Como dice el acervo popular, ‘en
todas partes cuecen habas’. En Galicia, Valencia, Madrid, Cataluña, Aragón,
Andalucía, etc., se han construido grandes instalaciones e infraestructuras
que, con el tiempo, han devenido prácticamente inútiles. Y en medio de toda
esta vorágine de desbocado despilfarro, han florecido, debidamente inflados, multimillonarios
presupuestos de obra pública, para mayor gloria de los corruptos partidos
políticos gobernantes, en estrecha connivencia con las ‘benéficas’ empresas
constructoras, que no han parado de repartir comisiones a los ‘Bárcenas’ de
turno.
Hubo un tiempo en este país en el que nos creímos los reyes
del mambo y pensábamos que seríamos ricos para siempre. Eran años de aparente
abundancia en los que se pergeñaron las mayores barbaridades inimaginables en
forma de mastodónticas obras, que quedarán para la posterioridad como triste ejemplo
de lo que jamás se tiene que repetir. Ahora, que la pertinaz crisis nos ha
despertado a todos de nuestros estériles sueños de grandeza y nos ha trasladado
a la cruda realidad, solo nos resta contener la indignación acumulada durante
todos estos años y aprender de los errores. Como reflexión final, propongo que
el gafado aeropuerto de Castilla-La Mancha sea reconvertido, preservando los
inocentes conejos, en un parque temático de todas las chapuzas hispanas de la
democracia, tanto públicas, como privadas. Sería como una especie de monumento
a la racionalidad y la cordura, lejos de cualquier interpretación quijotesca. Puede leer también ester artículo en: elprataldia.com
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