OPINIÓN
De momento, ya hemos superado el famoso 40 de mayo, esa deseada
fecha en la que, según el refranero popular, ya te puedes quitar el sayo o, lo
que es lo mismo, el ropaje que todavía te protegía de las tardías inclemencias
primaverales. Con este motivo, a mis amigos más íntimos les he animado a
despelotarse y a encarar con ánimo positivo la llegada del solsticio de verano,
que ya asoma sus calenturientos y licenciosos efluvios verbeneros y se hace
sentir con anticipado estruendo y olor a pólvora de la nit de Sant Joan. Este estío, sin embargo, una buena parte del
personal estará muy pendiente de lo que suceda en tierras brasileiras, donde
justo ahora empieza el invierno y ‘La
Roja’ se enfrenta al reto de reeditar pasados laureles, aunque lo tiene verdaderamente
difícil después de su estrepitosa derrota ante Holanda.
Además de su prestigio, la selección española de fútbol
también se juega los cuartos, unos nada despreciables emolumentos que, en caso
de quedar campeona del mundo, se repartiría la friolera de 720.000 euros por
barba; una cantidad que se considera escandalosa por la precaria situación económica
del país. Es este el motivo por el cual Elena Alfaro, la madre que ha promovido
el préstamo gratuito de libros de texto, ha impulsado una nueva iniciativa solidaria
en la que pide a los jugadores hispanos que donen una parte de sus suculentas primas
para financiar los menús de los comedores escolares. Se estima que unos 500.000 niños se quedarán
sin ningún tipo de ayuda de comedor durante las vacaciones de verano.
Pero no todo será fútbol este verano de 2014. La actualidad
de todos los días nos sigue deparando noticias de diferente calibre. Por
ejemplo, me ha llamado la atención las palabras pronunciadas recientemente por
el papa Francisco delante de los presidentes de Palestina y de Israel: “Se
necesita más coraje para la paz que para la guerra”. Así de sencillo, breve y
conciso. Y mientras el pato Donald sigue tan campante e inmutable a sus
hermosos 80 años, los de la Agència Catalana de l’Aigua informan que la calidad
del líquido elemento de la playa de El Prat es ‘excelente’, con ausencia de contaminación microbiológica. Pues, ya
lo saben, ¡al agua, patos!, a pesar de que nos hayan secuestrado la bandera
azul.
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