OPINIÓN.
El 25-M ya es historia y, sin previo aviso, se ha cobrado su
primera víctima importante: Alfredo Pérez Rubalcaba, quien ha anunciado que se
las pira de pilotar la nave socialista, una embarcación medio a la deriva que no
ha parado de generar vías de agua de popa a proa. Por su parte, los populares
de Miguel Arias Cañete, víctimas también de la fragmentación del Parlamento
Europeo y de sus propios exabruptos, tampoco están para tirar cohetes. O sea,
que el bipartidismo ha recibido en España un garrotazo de padre y señor mío. Con
una importante sangría electoral, el PP y el PSOE, no han sumado el 50% del
voto; sin duda, un estrepitoso fracaso el que han cosechado los dos partidos
que cortaban el bacalao en Bruselas.
Sin embargo, a pesar de la contundencia de las cifras, cuando
al día siguiente de la contienda electoral ojeaba los periódicos, una vez más, se
constataba que casi todas las formaciones políticas hacían una lectura
interesada de los resultados. Por ejemplo, en mi entorno más próximo (El Prat, Baix
Llobregat y L’Hospitalet), se destacaba la victoria socialista y se subrayaba
que los partidos de izquierda sumaban más de la mitad de los sufragios de la
comarca. Ninguna novedad al respecto, aunque un tanto descolorido, el cinturón rojo
barcelonés continúa luciendo su color habitual. La gran sorpresa de estos
comicios, sin duda, la protagonizaba Podemos,
la neófita propuesta de Pablo Iglesias, el azote de la casta dominante.
En el conjunto de Cataluña, ha salido claramente reforzado el
bloque soberanista, pero lo que más ha llamado la atención al personal es la primeriza
victoria electoral de ERC, por encima de CiU. Del resto de Europa preocupa la
irrupción del euroescepticismo y, sobre todo, del discurso del miedo en tiempos
de crisis, un síndrome que suele conducir al totalitarismo y que ha arrasado en
la patrie de la liberté, égalité, fraternité.
Y en mi tierra gallega, ¿qué ocurría?, pues, más o menos, lo de siempre, que el
PP seguía cabalgando por la azul campiña política galaica. En la comarca en la
que yo nací (A Limia), los populares vencieron en 13 de los 16 concellos (municipios) que baña el llamado
río do Esquecemento (del Olvido). Manuel Dobaño (Periodista). Puede leer también este artículo en El Prat al Día.
No hay comentarios:
Publicar un comentario