OPINIÓN.
Mientras nos visitaban media docena de ciclogénesis
explosivas, descontroladas acometidas de la madre naturaleza que han causado importantes
destrozos en buena parte del país, ya ha pasado de largo el 14 de febrero (Día
de San Valentín); una tradicional celebración anglosajona que, como las furiosas
perturbaciones meteorológicas esas, se ha expandido por el resto del mundo
civilizado para mayor gloria del desenfreno consumista del personal y regocijo
de los centros comerciales. Me cuentan que eso del día de los enamorados, en
realidad, es un invento que viene de lejos, de la mitología griega y romana que
aún hoy encarnan Eros y Cupido, y que, en los países nórdicos, coincide con la
época en la que se aparean los pájaros.
Más allá de resistir las publicitarias tentaciones que me llegaron vía Internet de pasar “el mejor San Valentín de mi vida” (con románticas escapadas a lugares de ensueño), lo cierto es que el día de los enamorados lo superé sin mayores sobresaltos. ¡Bien tirado, Valentín!, fue la frase que me vino a la memoria y todavía no adivino por qué. Pero dejemos de lado las satisfactorias prestaciones que reporta el cultivo del amor y la amistad, que un humilde servidor recomienda practicar todo el año, para centrarnos en otra dimensión, mucho más licenciosa, cual es la de dar la bienvenida al carnaval; una fiesta pagana que, en mi villa natal (Xinzo de Limia), se prolongará a lo largo y ancho de este mes. ‘O entroido máis longo’, (el carnaval más largo), declarado de Interés Turístico Nacional, presumen los de mi tierra.
Más allá de resistir las publicitarias tentaciones que me llegaron vía Internet de pasar “el mejor San Valentín de mi vida” (con románticas escapadas a lugares de ensueño), lo cierto es que el día de los enamorados lo superé sin mayores sobresaltos. ¡Bien tirado, Valentín!, fue la frase que me vino a la memoria y todavía no adivino por qué. Pero dejemos de lado las satisfactorias prestaciones que reporta el cultivo del amor y la amistad, que un humilde servidor recomienda practicar todo el año, para centrarnos en otra dimensión, mucho más licenciosa, cual es la de dar la bienvenida al carnaval; una fiesta pagana que, en mi villa natal (Xinzo de Limia), se prolongará a lo largo y ancho de este mes. ‘O entroido máis longo’, (el carnaval más largo), declarado de Interés Turístico Nacional, presumen los de mi tierra.
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