lunes, 20 de enero de 2014

Una noche de pesadilla

 OPINIÓN.
El invierno se ha presentado este inquietante año del ‘tricentenario’ catalán, revestido de sus más temidos atributos de frío polar, y si no que se lo pregunten a los ciudadanos, por ejemplo, de Chicago o Nueva York y supongo que también a los que habitan, allá, por las durísimas estepas siberianas y en otras latitudes menos conocidas del maltrecho planeta Tierra. Pero no hace falta viajar tan lejos para sentir en tus huesos los rigores del despiadado frío invernal. Lo más sorprendente de lo que sigue a continuación es que el gélido lugar que me ha inspirado estas líneas no está demasiado lejos de la ciudad en la que vivo. No es una historia ficticia, está basada en hechos absolutamente reales y constituye toda una metáfora de lo que está pasando en este país.  
Sucedió que un día de estos, un servidor se encontraba bastante pachucho y tuve la necesidad de llamar al médico para que me echara un vistazo. Para curarse en salud -nunca mejor dicho-, el galeno optó por llamar a una ambulancia y, a media noche, me aparcaron, en compañía de mi señora esposa, en la sala de espera de ese monstruoso centro sanitario que tenemos aquí al lado (Hospital de Bellvitge). Total, más de nueve horas de insoportable espera para descartar que lo mío, por suerte, no era una neumonía. Y mientras las agujas del reloj se hacían eternas, el frío se iba apoderando de todos los pacientes y familiares de la lúgubre estancia hospitalaria; porque allá no había calefacción, razón por la cual la gente iba abrigada hasta las orejas.
Sin embargo, apenas nadie protestaba, soportando un frío casi siberiano en pleno siglo XXI, y en la Catalunya que un día ‘tornarà a ser rica i plena’ (tal como reza la letra de su himno). Realmente, pensaba que, a excepción de algunos de Burgos, nos tienen a todos domesticados como mansos corderitos. Claro que por allí, no vimos pasar a ningún jefe y, mucho menos, jefazo para plantarle la caña; ya saben, tipos como Artur Mas, Mariano Rajoy, Angela Merkel, etc. Y mientras tanto, los esforzados profesionales de la residencia sanitaria, todos muy amables, reflejaban en sus caras la dureza de la guardia nocturna, al tiempo que no ocultaban su frustración de tener que hacer frente a su trabajo precario; sobre todo, después de las diferentes escisiones de bisturí que el ‘jefe’, Boi Ruiz (conseller de Sanitat de la Generalitat), ha realizado con presteza en la sensible epidermis de la sanidad de ‘casa nostra’. Fue una noche de auténtica pesadilla.
Coletilla final: Y si en nuestro hemisferio el frío apretaba de lo lindo, ¿qué es lo que está pasando en la otra parte? La respuesta me la daba desde Argentina mi hijo, Víctor: “Aquí se han superado temperaturas, dicen, de hace un montón de años atrás”. ¿Alguien duda todavía de que, entre todos, nos estamos cargando el planeta?Manuel Dobaño (Periodista). Puede leer también este artículo en El Prat al dia.

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