Opinión
A la hora de enfrentarme a una página en blanco, lo primero
que hago regularmente es sacarme de la manga un titular, a partir del cual
intento desarrollar -de manera informal y con algo de imaginación-, un texto
que tenga un mínimo de interés para los lectores. Años atrás, cuando tenía que
cubrir una determinada información periodística, no tenía grandes problemas, me
limitaba a tomar nota de todo lo que veía y me contaban, ‘et voilà!’, con los abundantes
y variados ‘mimbres’ disponibles, confeccionaba el ‘cesto’ de la noticia, una
suerte de adminículo en el que no había demasiado espacio para la manipulación.
En absoluto, tenía que preocuparme de dar mi particular
opinión de lo que sucedía -lo tenía completamente vetado-, solamente podía basarme
en los datos verídicos y objetivos; eso sí, debidamente contrastados por ‘fuentes
solventes, generalmente, bien informadas’. Ahora, en mi nueva faceta de comentarista
-tanto en la radio como en la prensa escrita-, las cosas han cambiado
sustancialmente y ya las puedo contar a mi manera, sin necesidad de ceñirme a
los cánones concretos de una noticia de agencia que, esencialmente, comporta dar
respuesta a las clásicas preguntas del qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por
qué de lo que acontece.
Conforme voy completando renglones, me estoy dando cuenta de
que me estoy saliendo del guion preestablecido y todavía no he hecho ninguna
mención a esos ‘buenos propósitos’ con los que he titulado esta última misiva de
2013. He aquí, pues, un ejemplo: cada final de año, los colegas periodistas de
L’Hospitalet y de la comarca del Baix Llobregat, vienen elaborando una
delirante lista de buenos propósitos para el año siguiente, si bien debo
aclarar que, de todos estos deseos, generalmente no se cumple ninguno. Menos
mal que este final de año me hice la firme promesa de no gastar ni un solo euro
en el sorteo de Navidad, por cuya razón, puedo presumir de que me tocó la lotería por
primera vez en mi vida.
PD/ Con mis mejores propósitos de ser mejor persona, me
despido hasta la próxima. Y que conste que me refiero a propósitos, y no a
intenciones, eso que abunda tanto, dicen, en los infiernos. ¡Ah! y no se
olviden de ponerse a salvo de las ciclogénesis explosivas y, sobre todo, de apagar
la luz.
¡¡¡Feliz 2014!!! (si los políticos y banqueros
corruptos lo permiten).Manuel Dobaño (Periodista). Puede leer también este artículo en El Prat al día.
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