lunes, 30 de diciembre de 2013

Manuel Dobaño (Periodista)

 Opinión
A la hora de enfrentarme a una página en blanco, lo primero que hago regularmente es sacarme de la manga un titular, a partir del cual intento desarrollar -de manera informal y con algo de imaginación-, un texto que tenga un mínimo de interés para los lectores. Años atrás, cuando tenía que cubrir una determinada información periodística, no tenía grandes problemas, me limitaba a tomar nota de todo lo que veía y me contaban, ‘et voilà!’, con los abundantes y variados ‘mimbres’ disponibles, confeccionaba el ‘cesto’ de la noticia, una suerte de adminículo en el que no había demasiado espacio para la manipulación.
En absoluto, tenía que preocuparme de dar mi particular opinión de lo que sucedía -lo tenía completamente vetado-, solamente podía basarme en los datos verídicos y objetivos; eso sí, debidamente contrastados por ‘fuentes solventes, generalmente, bien informadas’. Ahora, en mi nueva faceta de comentarista -tanto en la radio como en la prensa escrita-, las cosas han cambiado sustancialmente y ya las puedo contar a mi manera, sin necesidad de ceñirme a los cánones concretos de una noticia de agencia que, esencialmente, comporta dar respuesta a las clásicas preguntas del qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué de lo que acontece.  
Conforme voy completando renglones, me estoy dando cuenta de que me estoy saliendo del guion preestablecido y todavía no he hecho ninguna mención a esos ‘buenos propósitos’ con los que he titulado esta última misiva de 2013. He aquí, pues, un ejemplo: cada final de año, los colegas periodistas de L’Hospitalet y de la comarca del Baix Llobregat, vienen elaborando una delirante lista de buenos propósitos para el año siguiente, si bien debo aclarar que, de todos estos deseos, generalmente no se cumple ninguno. Menos mal que este final de año me hice la firme promesa de no gastar ni un solo euro en el sorteo de Navidad, por cuya razón,  puedo presumir de que me tocó la lotería por primera vez en mi vida.  
PD/ Con mis mejores propósitos de ser mejor persona, me despido hasta la próxima. Y que conste que me refiero a propósitos, y no a intenciones, eso que abunda tanto, dicen, en los infiernos. ¡Ah! y no se olviden de ponerse a salvo de las ciclogénesis explosivas y, sobre todo, de apagar la luz.
¡¡¡Feliz 2014!!! (si los políticos y banqueros corruptos lo permiten).Manuel Dobaño (Periodista). Puede leer también este artículo en El Prat al día.

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